Venezuela y la derrota del PSUV

Por Sergio García. Director de la Revista “Nueva Izquierda” y dirigente del MST Vivió en Venezuela y fue fundador de la Corriente Marea Socialista. Los resultados de las elecciones del 6 de diciembre conmocionaron Venezuela y Sudamérica. No es para menos. Tras 17 años de clara supremacía del chavismo, por primera vez la oposición de derecha se queda con el triunfo y pasa a conducir el poder legislativo con amplia mayoría. ¿Cuáles son las razones de la derrota? ¿Se podía haber evitado? ¿Es Venezuela un país socialista? ¿Qué hacer en adelante? ¿Por qué gana protagonismo Marea Socialista? Dejamos nuestra opinión.

¿Por qué gana la derecha?

La crisis social y económica viene de largo tiempo, se fue incrementando los últimos años hasta llegar a una insoportable inflación, caída pronunciada del valor del salario, falta de productos de todo tipo, deterioro de conquistas sociales, freno al impulso de proyectos comunales. Mientras esta penosa realidad vive el pueblo, contrasta de manera infame la lujosa vida de altos funcionarios de estado y del PSUV, el partido gobernante, en medio del desfalco de millones de dólares del ingreso petrolero, acompañado por la designación de gerentes o directores nombrados desde arriba, que han ahogado las mejores experiencias de control social y popular sobre empresas o proyectos colectivos.

En esa situación el resultado electoral no puede considerarse una sorpresa, sino la consecuencia previsible para un modelo económico y político agotado, que en lo único que avanzó es en el grado descarado de corrupción y burocratismo, que está en las antípodas del insigne nombre de “socialismo”, que es un proyecto que el gobierno actual no representa ni en lo económico, ni en lo político, ni en lo social.

El triunfo de la derecha opositora se da en primer lugar por el hartazgo de millones frente a esta situación. La dirección de la MUD (unidad opositora) es claramente pro-imperialista e intentará con su triunfo avanzar hacia un proyecto contra las mayorías populares, por eso hay que enfrentarla con fuerza. Mas su victoria fue servida en bandeja por la propia dirección de gobierno del PSUV y el Polo Patriótico. El desastre provocado hizo que más de cuatro millones de venezolanos dejaran de votar por el gobierno o no fueran a votar o lo hicieran nulo, mostrando un nuevo ejemplo de los falsos progresismos que terminan con sus propios errores abriéndole la puerta a la derecha. Ni la MUD tuvo grandes virtudes para ganar, ni el pueblo tiene la culpa del resultado electoral: Maduro y su equipo son responsables de un golpe profundo al proyecto bolivariano que pasó, de años de esplendor y de apoyo popular a nivel continental, a esta triste realidad.

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Dentro de la lógica capitalista, el gobierno estaba destinado a fracasar

Las razones de fondo del fracaso hay que buscarlas en la estructura económica, política y de clases que existen en el país. Desde el primer triunfo de Chávez en 1998 el país fue pasando por diferentes políticas y situaciones. De un inicio que derrotó al viejo bipartidismo con discursos todavía moderados, Chávez apoyado en la movilización popular fue avanzando a medidas que si bien no rompían los marcos del capitalismo, fueron profundas reformas radicales de un gobierno nacionalista de izquierda con fuerte impacto de conquistas sociales. Los dos intentos por detener esos cambios (golpe de estado y paro sabotaje petrolero) fueron derrotados por la movilización popular y tensaron aún más la disputa entre las clases en pugna.

Así los últimos años en vida de Chávez se dieron entre el discurso de avanzar hacia el socialismo del siglo XXI y un modelo bolivariano de alcance continental. En verdad en esos años tampoco se tomaron medidas de ruptura capitalista y la corrupción en el estado ya tenía un curso creciente. Sucede que tras la muerte de Chávez se dio paso a un pronunciado curso regresivo en todos los niveles, hasta llegar a la situación actual. Venezuela no es un proyecto socialista, ni tampoco un nacionalismo que toma medidas a izquierda; se ha consolidado como un modelo rentista de capitalismo de estado, que bajo el ingreso petrolero crea un modelo de acumulación mafiosa, de nuevos ricos al amparo del poder estatal que hacen negocios millonarios con el principal recurso estratégico del país.

Para sostener ese modelo, la contracara en lo político es un salto en un régimen antidemocrático que no permite ni siquiera normas electorales esenciales. El formato electoral está regido para que las dos principales fuerzas se lleven todos los diputados, haciendo casi imposible que otros partidos puedan acceder a una diputación. Y a la vez, el poder electoral impide que voces críticas puedan presentarse. Se les impide sacar su legalidad, se les proscriben candidatos con cualquier excusa, incluso se permite legalmente la compra de partidos hasta días previos a las elecciones. La principal voz crítica por izquierda que existe, nuestros compañeros de Marea Socialista, fueron destinatarios privilegiados de esa proscripción y persecución política. Y estos métodos se viven también al interior del mundo sindical, con la compra de dirigentes, las amenazas e intentos de despidos de críticos. Este modelo económico y político regresivo es el de Venezuela. Nada tiene de socialista.

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Marea Socialista, la pelea que dio y las que vienen

Nuestros compañeros de la corriente Marea Socialista se fueron transformando en una de las expresiones más visibles de la militancia crítica de izquierda. Fue organizadora de importantes eventos de intelectuales, de conferencias nacionales, de movilizaciones por reclamos sociales y frente al último Congreso del PSUV quienes propusieron un cambio de rumbo en lo económico y lo político. No solo no fueron escuchados sino directamente perseguidos, por decir que a la “guerra económica” había que responderle con medidas de fondo, anticapitalistas y haciendo que el pueblo bolivariano tenga poder de decisión. No fue escuchada y los resultados están a la vista. El poder burocrático impidió que Marea Socialista pudiera presentarse a elecciones con su propio nombre y le proscribió el 70% de sus candidatxs, con lo cual evitó, por ahora, la posibilidad de que el 6D una parte del descontento fuera hacia esta corriente. Lo que no puede evitarse es que desde todos los estados del país se vayan sumando más compañerxs a esta corriente, que pese a las calumnias de la que es objeto sigue apareciendo, como incluso lo reflejan los medios de nuestro país, como la más dinámica a la izquierda del chavismo oficial.

Por eso Marea tiene por delante la enorme tarea de organizar una mayor fuerza militante de manera sólida e independiente, tiene la posibilidad de seguir haciendo visible sus propuestas anticapitalistas, mientras enfrenta ahora los planes de la derecha opositora y los desastres del gobierno, que no pocas veces son socios de millonarios negocios a espaldas del pueblo.

Marea Socialista es parte de nuestra corriente internacional, y puede también seguir confluyendo con otros sectores honestos provenientes de los partidos y organizaciones sociales que hasta ayer apoyaban al PSUV y hoy viven un gran desencanto. Es posible un nuevo punto de confluencia. Al cual también pueden aportar valiosos compañerxs que por la preocupación de que no gane la derecha el 6D votaron al Polo Patriótico. Con ellos también hay mucho por hacer en unidad sobre la base de la compresión política común, que dentro de esos partidos y estructuras del poder del estado, nada más se puede hacer. Vienen tiempos de lucha política, confrontaciones y pruebas en la lucha de clases. Para afrontarlos de forma revolucionaria, hace falta fortalecer una organización política sin ataduras con el burocrático poder del estado, que mantenga las mejores banderas del bolivarianismo y sea a su vez socialista y anticapitalista. De ahí nuestro apoyo renovado y comprometido con Marea Socialista.

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